Marias Supongo que todos tenemos contradicciones. Sin embargo, hay una de los denominados progres que me molesta sobremanera: la manía de reivindicar su “derecho” a fumar donde les plazca. Por ejemplo, señores como Javier Marías, Moncho Alpuente y algunos editorialistas de “El país” pertenecen a ese rebaño. Es curioso que al primero, que cuida tanto de las buenas costumbres y de la buena educación, le parezca bien fumar en casi cualquier lugar. Recordemos que no hace mucho este escritor tan cultivado, y columnista de “El país Semanal”, escribió sobre la falta de educación tan grave que suponía comer con una gorra puesta; identificándose en ese sentimiento con un mafioso de la serie “Los sopranos”. Sin embargo, al parecer, repartir cáncer a diestro y siniestro le parece de lo más educado.
Que no se me malinterprete, yo creo en la libertad del individuo hasta el punto que creo en el derecho a que cualquiera pueda estimularse libremente con cualquier sustancia legal o ilegal. No obstante, obligar a los demás a tomarlas (incluyendo a los empleados de bares y restaurantes) sí que me parece una falta grave. Esto que me parece obvio, al parecer, no lo es tanto para estos progres.
Yo estuve viviendo durante un par de años en California, donde no está permitido fumar en lugares públicos. Era estupendo, no había que elegir entre ser un paria social y apestar a humo. Pero claro, para qué vamos a imitar esas cosas de los “salvajes” americanos. De todos modos, creo que los fumadores no necesitan preocuparse, pues la señora ministra no tiene agallas para legislar de manera similar. Por lo que se sabe de la nueva ley antitabaco por fin se prohíbe fumar en ciertos sitios como ascensores y lugares de trabajo (¡faltaría más!), pero la norma en bares y restaurantes es curiosa. Si el bar tiene menos de cien metros cuadrados el dueño elige si va a ser para fumadores o no. Es decir, todos los bares de menos de cien serán para fumadores. Si el local es mayor entonces se tendrá que habilitar un área para no fumadores. Me veo a los dueños de estos últimos haciendo obra para tener menos de cien metros cuadrados. Disfrutaremos de unos aseos la mar de amplios, pero no de aire limpio. Gracias a nuestros legisladores parece que nos vemos avocados a sufrir claustrofobia, pues viviremos en pisos de veinticinco metros cuadrados y alternaremos en lugares de menos de cien.
Mueren al año en España más de 55.000 personas por causa del tabaco, y parece que no es importante. Mueren menos por accidentes de tráfico y mira la que se está montando. Parece como si fuera mejor morir lenta y agónicamente que en un accidente de tráfico. Y encima hay grupos de presión que se quejan del daño que a ciertas economías las nuevas medidas van a causar. ¿Se imaginan a los fabricantes de automóviles quejándose de la ilegalidad de sobrepasar los 200km/h? Es como si los esclavistas del diecinueve se quejaran del daño que para su economía suponía la ilegalización de la esclavitud. En el fondo, muchos de estos empresarios son tontos y no saben como llevar un negocio. Como ejemplo hay están los Starbucks, llenos a rebosar de clientes. Su café es malísimo, pero ahí no dejan fumar.
Estamos tan ocupados mirándonos el ombligo y vanagloriándonos de nuestra maravillosa vida mediterránea, con su jamón y demás, que no vemos nuestro tercermundismo. Para los demás la ciencia y esas cosas, aquí con un par de novelas buenas por siglo ya cumplimos. Salvo el señor Marías que sí que le gusta imitar determinadas costumbres norteamericanas, lo digo por lo de repartir muerte a su alrededor como los mafiosos de “Los sopranos”.