A dos metros bajo tierra Es muy difícil tener ideas originales. Descubrir o inventar algo, aunque sea una tontería es muy difícil. Una vez que ese algo es descubierto decimos eso de: “¡Pues claro!” o “¡Es obvio!” Pero hasta entones nadie lo ve. Tener una buena idea para un guión cinematográfico tampoco es sencillo. Si además debe de ser una idea para una serie de TV la cosa se complica aun más.
En general el promedio de calidad televisiva es más bien muy bajo. No obstante, de tarde en tarde, hay algunas series de televisión que se salvan de la quema. Una de ellas es “A dos metros bajo tierra” (Six feet under). Esta producción de la HBO me ha sorprendido gratamente, tanto es así, que incluso después de que TVE cortara definitivamente su emisión he seguido bajándomela de Internet (tampoco hay edición en DVD). Es una pena que haya directivos tan ciegos a la calidad o espectadores tan idiotas (todo sea por la audiencia) que al final este tipo de series se cancelen, o peor aún, se emitan codificadas.
Esta va sobre la muerte. De hecho cada capítulo empieza con la muerte del que va ser el cliente de ese día en una funeraria. Los personajes de esta serie coral son los miembros de la familia que lleva esa funeraria. Continuamente salen cadáveres a embalsamar o a arreglar y también se exhibe el sufrimiento de la familia del fallecido.
Con ese argumento no me extrañaría que el productor se hubiera sorprendido sobremanera al leer por primera vez el proyecto. Si además consideramos que es una serie pensada para el mercado norteamericano, un país donde el hedonismo es patente, se me antoja aun más difícil de digerir. No hubiese sido raro que fuera rechazada; pero, afortunadamente, no fue así. Tuvieron mucho valor al producirla.
Esto me sirve de excusa para discutir brevemente sobre el miedo que tenemos de hablar, o ni siquiera pensar, en la muerte. Podemos negar la realidad y, por tanto negar la existencia de la muerte. O, por el contrario, podemos atrevernos a mencionarla y amargar definitivamente una velada o conversación. Podéis hacer el experimento. Nadie quiere pensar en esas cosas. Sin embargo, creo que es un ejercicio sano pensar en la muerte de vez en cuando (pero no siempre), pues nos hace apreciar más la vida o incluso nos hace vivir la vida más plenamente. Algo es más precioso si eres consciente de que se va a acabar.
Quiero recalcar que esto no es, en ningún momento, pesimismo. Lo equivocado es seguir la política del avestruz y negar la realidad. Puedes ser el típico idiota feliz toda tu vida y al final, cuando la realidad finalmente te alcanza, darte cuenta de que has malgastado tu vida siendo un vegetal. Sobre todo si has vivido la vida que la sociedad te ha impuesto vivir.


Nate: It just… I don’t know…
Lisa: What?
Nate: I don’t like know my whole existence is an accident. It’s too fucking … random.
Lisa: Yeah, but that’s the way it happens. Things happen the way meant to me.

Lisa: What’s the alternative?
Nate: We made choices.