Noche No sé por qué este país tiene fama de tener trabajadores vagos. He de afirmar que eso me parece totalmente falso. Incluso, está demostrado estadísticamente que los españoles somos de los europeos que más trabajamos. De hecho los valores culturales de este país se apoyan en gran medida en el trabajo. Siempre ha habido una apología del trabajo. No creo que haya insulto mayor que el que te llamen vago.
No sólo hay una adoración del trabajo, que hasta cierto punto puede ser positiva, sino que además, está asumido culturalmente cómo ha de ser realizado dicho trabajo. Un ejemplo: si para realizar un tarea específica podemos realizarla de dos maneras, y sólo de dos maneras, pero con resultados exactamente iguales y en el mismo tiempo, se tenderá a valorar más aquella en la que se sufra más. Supongo que esto nos viene de nuestra rama católica por aquello de cargar con la cruz, el sufrimiento para ganarse el cielo y todas esas tonterías que la iglesia católica nos ha impuesto para que así disfrutemos del infierno en la Tierra… Este asunto en concreto da para mucho y quizás lo retome en el futuro. Pero volvamos a centrarnos en el tema.
Este concepto de trabajo tan estructurado es una tiranía bajo la que algunos habitantes han vivido de una manera injusta. Si tu manera de trabajar es otra, diferente a la establecida, estarás abocado a ser blanco de las críticas.
Voy a centrarme solamente en un aspecto de esta cuestión y es la de los horarios en los cuales uno trabaja o se divierte. Para poner de relieve este condicionamiento cultural diré que tenemos incluso refranes al respecto: “a quien madruga, dios le ayuda”.
El caso es que, a pesar de la presión social, parece que el mundo está divido entre búhos y gallinas. Es decir, entre los que se levantan muy temprano y los que prefieren la vida nocturna.
Un artículo del “New York Times” que leí hace algún tiempo apoyaba esta división basándose en ciertos resultados de una investigación que se hizo sobre este tema. Al parecer los humanos no somos todos iguales (¡vaya descubrimiento!) y, como todo en el mundo, la naturaleza específica de los sujetos está supeditada a una distribución estadística. Es decir, que hay individuos que se levantan temprano y están la mar de frescos y que, si embargo, al llegar la noche están totalmente matados, tendiéndose a ir a la cama pronto. Son los madrugadores (gallinas).
Por otro lado están los individuos para los que levantarse temprano equivale simplemente a una tortura, pero que al llegar la noche no les apetece ni lo más mínimo irse a la cama. Estos últimos son los noctámbulos (búhos).
La sociedad aprecia mucho más a los primeros que a los segundos, pero lo fascinante de esto depende de nuestra naturaleza, y no podemos elegir ser gallina si somos búho. Al igual que un homosexual no puede ser hetero aunque la sociedad se lo pida.
La teoría que explica esta división dice que en tiempos prehistóricos era necesario que algunos individuos de la tribu no durmieran por la noche ya que si todos lo hicieran serían presas fáciles de los depredadores y enemigos. Así, este comportamiento habría surgido como subproducto evolutivo. Por tanto, en buena parte, la humanidad tiene que agradecer su existencia a individuos trasnochadores y noctámbulos, tan denostados culturalmente hoy en día.
Personalmente me gustaría que los días tuvieran, al menos, veintiséis horas. Cómo ahora trabajo por la tarde mi horario se corre cada día unos minutos. No encuentro el momento de dormir, al final me obligo a ello cuando me dan las tres o incluso las cuatro de la mañana. Dejado a mi aire terminaría acostándome al amanecer. Corriendo cada día unos minutos llegaría incluso a completar el ciclo. Lo dicho, días de 26 horas o más.
La noche me parece un momento muy apropiado para realizar ciertas cosas. Puedes, por ejemplo, escuchar música de jazz, que como todo el mundo sabe suena peor de día.
O ver una película. ¿Podéis imaginar ver esa buena película que tenéis en mente a las diez de la mañana? No, ¿verdad?
Puedes leer literatura intimista y el resto del mundo desaparecerá más fácilmente cuanto tú te introduzcas en el universo descrito en el libro.
En el silencio y quietud de la noche puedes ser más creativo, puedes escribir más libremente. Hay menos distracciones. Pero si quieres distraccioones ahí está la radio, que es mucho mejor por la noche. Se me ocurren multitud de cosas interesantes que se pueden hacer de noche…incluso contemplar las estrellas.
Las personas somos distintas de noche, somos más nosotros y no el personaje que interpretamos de día. Incluso las relaciones personales de todo tipo son distintas de noche. Me atrevería a decir que somos más humanos. También hay más miedos, demonios y fantasmas, pero ¿qué seriamos sin nuestros fantasmas?

Siempre he sospechado de aquellos a los que no les gusta la noche. Toda esa gente de bien.