embudo Leo que el gobierno británico planea crear un sistema de peaje por satélite para los automóviles que usen las carreteras para así aliviar el problema de los atascos de tráfico. Al parecer se pagaría por kilómetro recorrido y sería muchísimo más caro en horas punta que en el resto del día.
Llueve sobre mojado, porque desde hace algún tiempo para entrar en el centro de Londres hay que pagar peaje.
Dejando a un lado el claro problema de violación de intimidad que supone que en todo momento sepan donde te encuentras, esta noticia me da pie a analizar un poco la naturaleza de la sociedad y emplear al automóvil como una metáfora o modelo.
Desplazarse por carretera debía de estar bien hace muchos años cuando sólo unos pocos podían tener coche. Incluso se podía aparcar por doquier. La gente con dinero se desplazaban de un lado a otro sin problemas.
En el momento en el que el uso del automóvil se ha democratizado la situación es totalmente distinta y los desplazamiento en coche se han convertido en un incordio.
Ahora lo están “regularizando”. Esto significa que te van a hacer pagar por aparcar y por circular para así reducir el número de automóviles que ruedan por ahí. Simultáneamente nos cuentan las excelencias del transporte público. Yo todavía no he visto a un político desplazarse habitualmente en metro. Es bueno, pero al parecer, sólo para los demás.
Un inciso, estos políticos siempre parten de la base de que los ciudadanos son tontos. Qué si no usamos más (yo personalmente lo uso) el transporte público es porque somos idiotas y no vemos sus ventajas. Vamos a ver, puede que si vives en la misma ciudad no te importe desplazarte en metro al trabajo aunque tardes más y aunque se te siente un borracho, o mendigo maloliente al lado, después de todo hay que ser tolerante y ecologista. Pero lo que ocurre es que el sistema te echa de la ciudad porque no puedes pagar el precio de la vivienda. Cada vez te tienes que ir más lejos y por tanto dependes del automóvil para los desplazamientos, pues tu trabajo está en la ciudad. La gente se ve obligada a conducir su coche. Si tardas dos horas en transporte público para ir al trabajo es preferible coger tu coche aunque al final termines en el atasco. La gente sabe lo que le conviene y no es tonta. Si va en coche es porque le compensa. Si tiene un medio de transporte público más rápido y cómodo lo usará en lugar de su auto. Y hasta aquí el inciso.
Si la industria del automóvil se resfría toda la economía cae enferma. Parece que no podemos depender de ella. Estos políticos quieren que compremos automóviles como locos, pero después que no los usemos, o si los usamos que paguemos bien caros la gasolina, parking (incluso por estacionar en la calle) y peaje.
Permítanme llegar a donde quiero ir. Lo importante es poner de relieve que, independientemente de que el uso del automóvil sea bueno o no (contamina, es un derroche de recursos…), lo que le hace malo de cara a las autoridades es que lo usa todo el mundo. Si un reducido número de privilegiados lo usa entonces no hay problema. Fíjense cómo al final lo regulan, si pagas no pasa nada, puedes aparcar y puedes circular sin ningún problemas. Es tremendamente perverso porque el mensaje que percibes es que si tienes dinero no hay problema. En un mundo racional si el coche fuera malo se eliminaría del todo. Si no se pudiese hacer así y se viviera en sistema democrático se regularía su uso en función de unas reglas justas para todos. Se me ocurre un sistema muy sencillo, si tu número de carné de conducir es par circulas en días pares, si es impar en días impares.
Pero no es así, si tienes dinero no hay problema. Si no lo tienes te chinchas.
La casa a dos metros de la playa es mala de todas las maneras, pero si tienes dinero te saltas las reglas y te compras una a medio metro.
Que tu niño va a un colegio donde la mitad son emigrantes y no aprende nada, pues le mandas a uno privado y punto.
Que la seguridad social no funciona bien, pues te pagas un seguro privado y así no te mueres.
Que tienes problemas legales, te pagas un buen abogado y absuelto.
Si un millonario se compra un yate porque le gusta, está bien, porque no interfiere en el correcto funcionamiento de la sociedad. Es lógico que un rico disfrute del lujo. Esto no es perverso. Lo malo es si juega al golf en tiempos de sequía.
Lo perverso es cuando las reglas son quebrantadas. Lo perverso es cuando el mensaje que se manda a la población es que si tienes dinero todo se soluciona, incluso el acceso a tus derechos. Se puede educar a la gente para que no anhele lo lujoso, pero es difícil convencerla para que renuncie a lo que considera básico. Esto se agrava cuando la riqueza no se mide por lo que tienes sino por aquello de lo que careces.
Ahora se está premiando a una clase privilegiada. En lugar de luchar por eliminar lo injusto nos damos codazos para llegar a la cumbre de la pirámide, porque nos han hecho creer que nosotros podemos ser los privilegiados, los beneficiados de lo injusto. Es, una vez más, la ley del embudo.
¿De verdad nos tenemos que sorprender porque la sociedad sea materialista y carente de valores? La gente sabe lo que le conviene, después de recibido el mensaje simplemente reacciona a la información recogida.
Hagamos un mundo un poco más justo y entonces seremos menos materialistas. ¿Pero quién pone el cascabel al gato?