¿Cuándo podemos decir que existe la libertad de expresión? Bajo el punto de vista político existe la libertad de expresión formal cuando puedes opinar en un medio público sobre política y en contra del sistema establecido sin que te acusen de un delito y te metan en la cárcel.
La libertad de expresión “en la intimidad” ha existido siempre, incluso en las más crueles dictaduras, porque en el fondo al poder no le importa que le cuestiones, le importa que se le cuestione en público, no sea que abras los ojos a las masas y se organicen en su contra.
A veces también se le llama libertad de pensamiento, cosa que en el fondo es un poco tautológica, porque todo pensamiento es libre siempre y cuando no lo comuniques. Eso sí, en el momento en que cuentas ese pensamiento a alguien esta garantizado que ya es dominio público y puede que, llegado el caso, sea punible. Puedes pensar lo que quieras, que si no se lo dices nadie no te pasará nada. Por tanto, la libertad de pensamiento “literal” está siempre garantizada mientras no se invente la máquina para leer la mente.
Tampoco está claro que esto, que admitimos “de facto”, sea real porque todos y cada uno de nosotros estamos sujetos a ciertos condicionantes sociales, religiosos, etc, que nos impiden pensar libremente.
Recuerdo que de pequeño, cuando me imponían la religión católica, me molestaba sobremanera (entre otras muchas cosas) los mandamientos y reglas que se inmiscuían en mis pensamientos. Y eso de que Dios supiera en todo momento lo que estaba pensando lo empeoraba aun más. Por mucho que me esforzara yo no amaba a Dios por encima de todas las cosas, de hecho no lo amaba en absoluto. Me costaba amar a un ente que nunca estaba presente. Y él lo sabía.
Si nos fijamos hay mandamientos sobre “no harás esto”, “no harás lo otro”, “no cometerás”, pero incluso hay alguno que dice “no desearás…”. Vamos, que ni siquiera lo pienses, pues incluso mientras lo piensas Dios lo sabe…
Bueno, vuelvo a mi tema sobre la libertad de expresión y dejo ya la introducción. Mi tesis es que la libertad de expresión no existe, nunca ha existido y nunca existirá.
Asumamos que gozamos de libertad de expresión política (que ya es mucho asumir) porque vivimos en una democracia, en un estado de derecho y todas esas cosas. Insisto en lo de asumir la libertad de expresión política, esto no trata de una teoría conspiratoria ni nada por el estilo, se trata de otra cosa. Asumamos también que entre toda la masa informe de individuos adoctrinados, condicionados, alienados y de encefalograma plano hay algunos que pueden pensar libremente de vez en cuando. Ya es difícil que el sistema educativo permita que la gente termine pensando por si misma, pero como es imperfecto hay algunos que se les escapan.
Bueno, pues bajo esas premisas (¿o he de decir postulados?) ya tenemos el conflicto servido. La mayor dictadura es la dictadura social de aquellos que nos rodean. Tú exprésate libremente y verás como al cabo de un tiempo te encuentras más solo que la una. Es más, nuestro comportamiento a lo largo del día, y creo que no descubro América con esto, consiste en el disimulo, la autocensura y la mendacidad.
Primero está el hecho de que queremos alcanzar unos objetivos, como pueda ser un ascenso en el trabajo, y para ello tendremos que dorar la píldora a aquellos de los que depende tomar esa decisión. Sabemos que el esfuerzo duro y competente no es suficiente y que la mercadotecnia y venta de las tareas realizadas son imprescindibles.
También queremos, por ejemplo, ligar con una determinada chica (también se puede aplicar al contrario), entonces intentaremos a toda costa cuidar de nuestras opiniones sobre ciertos temas y ocultar todo aquello que consideremos negativo, o que ella pueda considerar negativo. También sabemos que, en un extremo, hay tíos que en este campo mienten como bellacos y sabemos que les va muy bien.
Como primera conclusión tenemos que la mentira recompensa, al menos a corto y medio plazo, y a veces incluso a largo plazo. Naturalmente no me refiero a las “Mentiras”, como dar falso testimonio en un juicio ni otras mentiras más graves, ese sería un caso extremo.
El caso es que, en resumen, la mentira nos sitúa o creemos que nos sitúa en una posición de ventaja con respecto al resto y al final nos compensa o creemos que lo hace. Lo malo es que si tenemos muchos escrúpulos entonces estaremos en desventaja sobre los demás.
Pero vamos un poco más al fondo del asunto, vamos a la raíz del tejido personal y social. Supongamos que ni siquiera tenemos objetivos. Si eres un vegetal de esos que pueblan el mundo, entonces no has de preocuparte, eres como los demás, como el resto de la masa y la masa te acepta. No hay conflicto. Pero si por un casual no es así, entonces eres diferente, ni peor ni mejor, y entonces, no sólo tienes conflicto, tienes un problema.
Recordemos que en este caso no tenemos objetivos, por tanto no hay ventaja sobre los demás. Se trata sólo de “expresarse” libremente (¿no era ese el tema?). Pero eso es algo que los demás no están dispuestos a permitir. Si hay algo que la gente castiga más que la felicidad ajena es el pensamiento libre ajeno. Quizás sea por envidia, o quizás porque les inquieta, porque les hace tambalear sus esquemas, sus ideas inamovibles de “vegetal feliz”. No lo sé.
El caso es que no dejarán de pasar una oportunidad y, sutilmente o no, te harán saber que tu opinión no es aceptada, o te castigarán más duramente cuando lo que digas no sea lo esperable. No es ya sólo lo expresable con palabras, es el tono, la mirada, el lenguaje no verbal.
Lo malo es que lo que en el fondo quiere todo ser humano es que lo quieran, que lo quiera su familia, su pareja, sus amigos… Así que terminará autocensurándose para poder ser aceptado. El ostracismo era un castigo muy duro en la antigüedad que ahora se practica más sutilmente aunque el resultado sea la misma soledad.
Es curioso que al contrario que en otros idiomas el español no tiene un adjetivo para “sentirse solo”. Podemos utilizar una paráfrasis y decir eso de “estoy solo” o “me siento solo” pero no tenemos el “alone” y el “lonely” del inglés, por ejemplo. Supongo que eso querrá decir algo.
Por tanto, y como conclusión he de decir que la libertad de expresión no existe. Existe tanto en cuanto digas lo que se espera de ti, pero no más allá.
De hecho, la palabra “sinceridad” es de las que más valen en el mercado de las ideas pero de las que menos se cotizan en el mercado social “real”. Es una triste paradoja.
Es muy fácil descubrir a algunos mentirosos cuando empiezan diciendo eso de: “yo es que soy muy sincero…” Con esa frase ya han soltado una supuesta cualidad suya que juzgan positiva para ganarse al auditorio y que además es absolutamente falsa.
Claro, podéis decir que estoy equivocado en todo esto. Cosa que es del todo posible. Incluso quizás juzguéis que además soy negativo y pesimista. Pensadlo dos veces antes de decirlo.
No se me ocurren muchas soluciones a este tipo de conflicto. Sólo decir que es imposible caer bien a todo el mundo por muchos esfuerzos que hagamos.
La soledad es consustancial al ser humano y hemos de aprender a convivir con ella. Nacemos solos, morimos solos y en el ínterin, de vez en cuando, surgen chispas de complicidad con algunas personas que nos hacen sentir que no somos los únicos seres del universo.