nombre
Esta vez me gustaría poner de relieve que uno de los pecados modernos que me parece más grave es el de la ignorancia. Se puede perdonar la ignorancia cuando es inevitable, cuando el individuo no tiene acceso a fuentes de conocimiento, como ocurría en el pasado, o como ocurre ahora en el tercer mundo. Pero en los tiempos actuales y en el primer mundo es imperdonable. Aquí reina la más absoluta estulticia, el más absoluto aborregamiento. Llevo un tiempo buscando excusas con las que perdonar a tanta gente: que sí están cansados de trabajar, que cuando llegan a casa no les apetece leer… No hay excusa. Para todo hace falta un esfuerzo, y también hace falta un esfuerzo para conseguir ser un hombre y no una bestia. No soy una persona religiosa, incluso soy ateo, pero el mayor pecado para el ser humano quizás sea el no desarrollar las capacidades intelectuales que se nos han dado.
A los gobiernos les interesa sobre manera esta situación, porque cuanto más ignorantes y tontos seamos más fácil será el que nos puedan controlar y manipular a su antojo, y así nos cuelan más impuestos, más gastos absurdos, más guerras, y sobre todo, que así nos pueden convencer en las elecciones para votarles. Yo hace años que no voto, y creo que todos lo deberíamos de hacer, así captarían la indirecta de una maldita vez y dejarían de ser tan impresentables como son.
Bueno, el caso es que los diarios más vendidos son los de prensa deportiva. Y los libros más vendidos los de literatura barata, o pero aun los de Harry Potter. La televisión es que es da miedo. Las cadenas públicas no se libran de emitir basura y ahora en horario de máxima audiencia ponen programas de sucesos o de cotilleos y chismes sobre famosos y otras faunas. El telediario promedio se compone de 50% de futbol, 25% de sucesos y un 25% ha hablar de los problemas que los políticos han generado. Este último 25% es curioso, como si no tuviéramos bastante con los problemas reales ellos inventan nuevos para así presentarse como necesarios. Al final te das cuenta que la democracia la mata la clase política.
Pero centrémonos, de las infinitas cosas que pasan en el mundo unos seres llamados periodistas eligen sólo una parte que por ese mismo acto se convierte en noticia. Son como mediums que se comunican con el más allá. En este caso dicen comunicarse con el más acá y te presentan una realidad tan distorsionada como la de los charlatanes que dicen comunicarse con los espíritus. Está claro que hay que elegir entre tanto, pero no entiendo por qué eligen lo que eligen.
¿Qué opinaríamos de un ingeniero nuclear que nos dijera que trabaja en el desarrollo de armas nucleares? Pues seguro que pensábamos muy mal. Hay gurús televisivos, fabricantes de mierda catódica, que solo se dedican a envenenar el cerebro de la gente y encima los admiramos, les hacemos ganar un montón de dinero y encima tienen reconocimiento social. Se deben reír a carcajadas cuando tirados en la cama miran su cuenta corriente y piensan en lo borregos y tontos que somos. El ingeniero nuclear del ejemplo sería un paria social, a pesar que sus bombas no se prueban sobre la población (aun). Hay gente como el Sarda que descargan toda su artillería antiintelectual , antisocial y antimental sobre la población desprotegida, con la excusa de que eso es lo que la gente quiere, y encima son reconocidos. Gente como esta debería ser escupida por la calle, ser señalados con el dedo, ser encerrados en la mazmorra más abyecta y negra que se pueda concebir, tirar la llave y ser borrados de nuestro pensamiento y recuerdos por siempre jamás.
¿Os imagináis a un nazi de los campos de concentración justificándose de manera similar a como lo hacen estos infames profesionales? “Es que es lo que el pueblo quiere”. “Es que si no soy yo algún otro lo hará”. “Es que de algo tengo que vivir”…
La pobreza intelectual ha llegado a semejante nivel profundidad que ya no hay ni pensamiento único. Hemos matado el pensamiento crítico de verdad. Estamos inmersos en el pensamiento nulo, el pensamiento cero. Ahora mismo ya no hay un Bertran Rusell, ni un Sastre ni ningún otro pensador de una talla si quiera medianamente comparable sobre este planeta que agoniza intelectualmente. Si los hubiese tampoco lo sabríamos, pues sólo se da cancha a gentuza, a los amiguetes del sistema, a los intereses de las grandes compañías, a los políticos de uno y otro bando, al amigo del productor de la cadena… O lo que es peor, se da cancha, espacio público, tiempo de nuestras vidas, a la más absoluta escoria de la sociedad, para que así el ciudadano se reconozca así mismo en la pantalla, ya plasmática y más grande que nunca, en una pesadilla Andy Warholiana (aquellos minutos de fama) más orgiástica y promiscua que nunca.
La adoración del becerro de oro ha llegado a tal nivel, que ya todo, absolutamente, todo se supedita a él. El dinero lo justifica ya absolutamente todo, hemos tocado fondo. Toda la telebasura, todo el periodismo basura, todos los recortes de derechos, es por esta causa. Este dios sólo produce demonios abominables que están dispuestos a devorarnos día a día, poco a poco. Estos demonios, estas grandes compañías, son las que ostentan ahora el poder y controlan los medios y la política para darnos la ilusión de una libertad de elección que ya no tenemos. Son las que han conseguido degradar el sistema educativo para crear una nueva generación de idiotas y débiles mentales. No sólo hemos vuelto a la caverna socrática, vamos a ir a parar a la caverna más abisal que jamás hayamos podido concebir y nuestra ignorancia nos impide verlo.
Somos tan tontos que vemos un anuncio en la tele de un producto (ya todo es un producto) para aprender alemán sin esfuerzo en 15 días y creemos que es verdad, más tarde incluso lo compramos. Cuando todo el mundo debería saber que nada se consigue sin esfuerzo, menos aun el aprender un idioma. Pero el dinero lo justifica todo, y nuestra ignorancia les permite lavarnos el cerebro para así comprar sus productos y alimentar la bestia.
Estamos tan inmersos en nuestra propia autocomplacencia, tan sumergidos en este sueño irreal de consumismo desaforado, productor de pesadillas, que no nos damos cuenta de lo mal que estamos. Estamos tan adormilados de nadar en tanta cocaína y marihuana, tanto real como metafórica, que hemos pasado de la ignorancia a la ceguera en un abrir y cerrar de ojos.
Los derechos que una vez tuvimos han desaparecido y nadie sabe como ha sucedido, los valores que una vez sustentaron la sociedad han sucumbido y nadie los añora. Los políticos que prosperan son los más corruptos, las peores personas son las que llegan a jefe, los sindicalistas más vagos son los que están en el comité de empresa… No sólo se ha gritado el sálvese quien pueda, incluso nos parece bien que así se haya hecho. Pero preferimos ignorar todo esto.
Toda la excrecencia social que nos rodea prospera porque lo consentimos, porque en ningún momento encuentra cortapisa. Todo cabrón sabe que en ningún momento va ser castigado de ninguna manera, ni socialmente, ni judicialmente, ni cósmicamente. Cada vez que miramos hacia otro lado, cada vez que consentimos, alimentamos a la bestia. El pecado de omisión es nuestro pecado. Quizás somos ya tan infames que nos identificamos en un futuro con esa gente y queremos que se nos perdone cuando nosotros cometamos esas mismas faltas. No sé, quizás solo seamos asquerosamente cobardes e insolidarios, demasiado egoístas para cooperar, para ver a los demás como a nuestros semejantes en lugar de cómo a competidores.
Bueno, pues tengo malas noticias, la realidad siempre nos alcanza, y al final pagaremos muy caros nuestros actos. Los jinetes del Apocalipsis son dos uno llamado CO2 y otro H5N1. Jinetes que hemos ignorado hasta ahora.
Hemos solucionado tanto el aire que el calentamiento global se nos comerá vivitos y coleando. Fenómenos como el Katrina no serán nada con las catástrofes que se avecinan. Las aguas subirán, el clima cambiará seguro que a peor y graves sequías e inundaciones asolarán este mundo. Pero antes la gripe aviar se llevará por delante a varios cientos de millones de personas en un cataclismo similar a la peste negra. Nos hemos reproducido tanto, hemos descuidado tanto los hábitos higiénicos del tercer mundo, hemos dado tanto poder a las farmacéuticas, hemos ignorado tanto, hemos financiado tan poco ciertas áreas y tanto el armamento que lo vamos a pagar muy caro. La economía se hundirá y lo veremos. La vida tal y como la conocemos desaparecerá. Creedme cuando digo que sé de lo que hablo.
Un amigo mío dice que nos han dado superpoderes y que está en nuestra mano el utilizarlos bien. Se refiere a posibilidades tecnológicas como Internet. Ahora, cualquiera sin conocimiento de informática puede crear un blog en el que hable para todo el mundo. Pero en este contexto utilizar bien los superpoderes supone además no decir nada a no ser que lo que se vaya a decir sea inteligente, pues ya hay mucho ruido ambiental. Nos han acostumbrado a ser sujetos pasivos, a no pensar, a no crear nada, y esto va ser difícil, pero hay que intentarlo. Podemos hacer algo, podemos leer, podemos informarnos, podemos pensar, y podemos comunicar nuestras conclusiones cuando sean interesantes. Cualquien cosa antes que la falsa felicidad que proviene de la ignorancia. Todavía nos queda la palabra.