foto Después de décadas de aguantar el humo de los fumadores por fin han sacado una tímida ley contra el tabaco. Al cabo de unos pocos días de haber entrado en vigor ya podemos ver los resultados. En prácticamente todos los locales menores de 100 metros cuadrados en los que la ley da libertad de elección a los dueños, éstos han elegido permitir fumar. Son un atajo de cobardes. Pena me da el dueño de un bar y su empleada que ante la pregunta de un periodista sobre el asunto clama, con orgullo y rabia, que en su local sí está permitido fumar. Ni este señor ni su empleada son fumadores.
La ley no es desde luego al estilo irlandés, ni al estilo de la de California o Nueva York, porque nuestros legisladores son también un atajo de cobardes.
Los no fumadores hemos tenido que asistir a una serie de afirmaciones absolutamente injustas antes y después de aplicarse la ley. Todo columnista con el hábito ha escrito diatribas en contra de una ley que sólo está pensada para proteger mínimamente los legítimos derechos de los no fumadores. Entre otras cosas se nos ha acusado de intolerantes y a los fumadores de víctimas.
Antes de aplicar la ley los no fumadores no podíamos ir a prácticamente ningún local público, y ahora pasa casi exactamente lo mismo. No sé de qué se quejan. Ellos representan un tercio de la población española (otro dato patético) y se han adueñado del 99% del aire de los locales públicos.
No deja de ser grotesco. Es como en el chiste que Gila contaba hace ya tiempo. En un pueblo matan a un conciudadano con una broma y la madre del muerto se queja a los que cometieron el acto. Y entonces ellos dicen eso de: “pues si no sabes aguantar una broma vete del pueblo”.
¿Qué diríamos de un heroinómano que fuera inyectando su droga a los que los rodean? ¿Y de un cocainómano que lanzara al aire su polvo blanco en el lugar del trabajo o de ocio para que los demás lo respiraran? Seguro que no nos iba a gustar. Pero si esta gente tuviera la misma moral que los fumadores y sus drogas fueran tan baratas es seguro que disfrutaríamos de semejantes conductas.
¿Es que los fumadores no lo ven? ¿No ven acaso que son absolutamente egoístas y maleducados cuando fuman en público? Aunque el humo del tabaco fuese incluso saludable, los demás (dos tercios de la población) no tenemos por qué aguantar sus humos, igual que no admitimos aguantar las ventosidades intestinales de los demás, aunque no produzcan cáncer.
En España mueren al año 50.000 personas por culpa del tabaco, siendo 700 de ellas no fumadoras. Repito hay 700 personas asesinadas por el humo de segunda mano. Así, si eres fumador estás asesinando como mínimo a tu esposa y a tus hijos lentamente. Como primera conclusión afirmo que todo fumador es por definición un asesino. Repito, fumador igual a asesino. ¿Es que no veis la realidad?
Que conste que defiendo el derecho de todo fumador a administrase su droga, siempre que sea en el ámbito privado. Incluso reconozco su derecho a suicidarse, pero no la potestad de que me mate a mí.
Desde aquí os recrimino fumadores, aunque esto no es necesario pues la realidad os alcanzará tarde o temprano en forma de cáncer o enfisema pulmonar. Y maldigo a los políticos que han sacado esta ley tan miserablemente escasa, que son cómplices de asesinato masivo, al igual que los que toleran este hábito. Una ley como es debido impondría un precio mínimo muy elevado al tabaco y prohibiría fumar en todo sitio público, y punto. A veces la ley más sencilla es la mejor de las políticas.